En 1992 fui diagnosticado de mieloma múltiple, un cáncer de la médula ósea, en estadio III, me dijeron que podía vivir dos o tres años con tratamiento, o nueve meses sin el. Tenía 43 años.

Desde entonces han pasado 18 años. Mi mujer Katlhenn y yo llevamos casados 39 años. Tenemos dos hijos, Robert y James, y tres nietos: Jillian, Jade y la cuarta generación de James Bond. Recientemente me he jubilado de mi trabajo en CPA. Hace tres veranos comencé a andar en bicicleta y he recorrido, desde entonces, 328 millas a través de Ohio, en julio continuaré.

Llevo viviendo con cáncer desde que comencé el tratamiento en Dana-Farber y, también, desde el University Hospital (UH) Ireland Cancer Center en Cleveland, cerca de mi casa. Los equipos de ambos centros trabajan juntos para coordinar mi tratamiento, algo que para mi ilustra el valor del trabajo en equipo.

Antes de mi diagnóstico tenía un poco de dolor en la parte baja de la espalda, y Katlhenn me notaba pálido y ojeroso a pesar de mi buen aspecto.

Los resultados de las pruebas mostraron que tenía una misteriosa lesión en la columna vertebral, y mi cráneo parecía un queso gruyer -lesiones todas causadas por el mieloma, una forma incurable de cáncer con muy pocas opciones de tratamiento.

Durante la década siguiente recibí una variedad de medicamentos y me realizaron tres trasplantes de células madre en UH, bajo el cuidado del Dr.Hillard Lázaro. Después del tercer trasplante mi enfermedad fue ganando terreno. Para el año 2002 estaba en pleno apogeo.

Mis riñones fallaban, no podía comer alimentos sólidos, tuve fiebres altísimas y recibía transfusiones de sangre para mantenerme con vida. Las opciones tradicionales de tratamiento no servían y todo parecía muy oscuro. El cáncer se había llevado ya a mis padres y a mi hermana menor, pensé que me iba a matar a mi también.

El Dr.Phil Greipp, de la Clínica Mayo, nos habló de un ensayo clínico prometedor, se trataba de una nueva droga llamada  PS341,ahora conocida como Velcade (bortezomib). Nos enteramos de que Dana-Farber estaba realizando la lista de inclusión de pacientes en el ensayo, así que llamé al Dr. Paul Richardson, el investigador clínico.

El me devolvió la llamada y solo me hizo dos preguntas: “Puede trasladarse a Boston y vivir aquí durante nueve meses? ¿Cuándo puede venir?”.

Mis respuestas fueron “Si” y “Mañana por la mañana”.

Para cuando llegamos a Boston mi situación era crítica, estaba gravemente enfermo.

Desde la habitación del hotel Kathlenn habló con el Dr.Ken Anderson, que estaba de guardia en el Dana-Farber,le contó cómo me encontraba esa noche. El le dijo entonces que era el séptimo paciente para inscribirme en el ensayo con el número de estudio 007.Dijo: “Señora Bond, creo que esto es tener un buen karma.”

En nuestra primera cita una voluntaria, Sandy Cunningham, charló con nosotros. Nos preguntó dónde pensábamos vivir los próximos nueve meses. Cuando le dijimos que estábamos buscando un apartamento dijo: “Vengan a nuestra casa durante el verano. Nosotros vamos a estar fuera de la ciudad, en Cape Cod.” Nos instalamos agradecidos en el hogar de los Cunningham en Boston. ¿Más buen karma?.

Dos semanas después de haber comenzado el ensayo clínico, bajo el cuidado del Dr.Richardson y su excelente enfermera,Deborah Doss, la proteína, que había alcanzado un nivel peligrosamente alto en mi sangre,estaba prácticamente desaparecida, la hinchazón de mis piernas había desaparecido,podía comer de nuevo y ya no tenía fiebre. No tenía casi ningún efecto secundario y continué trabajando a tiempo completo desde Boston.

Cuando finalizaron los nueve meses de tratamiento, volví a mi trabajo en Cleveland, donde pude alegrarme de permanecer en remisión durante un año. Así mismo, durante este período de tiempo, Velcade fue aprobado por la FDA.

Finalmente mis niveles de proteína comenzaron a subir de nuevo pero no de forma tan agresiva como antes. Regresé a Dana-Farber en 2004 y entré en otro ensayo clínico, dirigido por el Dr.Richardson, que estaba estudiando la actividad de lenalidomida como tratamiento. La droga, comercialmente llamada Revlimid, y aprobada por la FDA, produjo otra remisión. Todavía la estoy tomando, con efectos secundarios mínimos.

Aunque me gusta llevar una vida activa, tengo algunos efectos secundarios a largo plazo de mis tratamientos. Los trasplantes no fueron fáciles. Todavía me acompaña, de forma ligera, la enfermedad injerto contra huésped, que incluye llagas en la boca, ojos ligeramente secos, y dificultades gastrointestinales leves y ocasionales.

La cortisona produjo daño en un hueso de mi cadera así que necesité un reemplazo de cadera en 2005. La radioterapia de cuerpo completo en tres ocasiones me ha causado cataratas en ambos ojos, y tengo calambres musculares, ligera neuropatia en mis dedos de manos y pies y mi tiroides ha fracasado de forma permanente…

Durante todo este tiempo yo continué trabajando a tiempo completo – ya sea en nuestra oficina de Cleveland o de Boston, desde casa o desde mi portatil en varios hoteles y hospitales. El apoyo y la compasión de mis colegas en el trabajo los he valorado mucho, tanto yo como mi familia.Ahora que estoy jubilado me ofrezco para ayudar a otras familias por el cáncer y así me mantengo activo.

Además, durante los últimos tres veranos, he recorrido en bicicleta la distancia entre Clevelans y Cincinnati, en la “Pan  Ohio Hope Ride”, un trayecto en bicicleta de cuatro días para ayudar a aumentar la esperanza en le Sociedad Americana del Cáncer, donde los pacientes con cáncer pueden alojarse, de forma gratuita y durante su tratamiento lejos de su casa, en centros dedicados a ellos. Lo haré de nuevo este verano.

Kathleen desarrolló este evento en 2007, y ha estado muy involucrada en la Sociedad formando parte de la junta directiva nacional, así como de las juntas de Ohio y Cleveland y la “Hope Lodge” en Cleveland.

Puedo contar encantado que Boston cuenta ahora con un ACS Hope Lodge a solo una milla del Dana-Farber.

Los familiares y amigos han sido fundamentales para nuestro éxito, así como los médicos, enfermeros, personal del hospital y los técnicos de laboratorio que participan en nuestro tratamiento y las empresas de investigación en este campo. Sabemos que somos afortunados.  Si con algo se puede quedar uno de nuestra historia es que, en medio de la adversidad, una actitud y un propósito positivos pueden lograr la diferencia.

James (Jim) Bond.

http://www.dana-farber.org/Adult-Care/Treatment-and-Support/Patient-Stories/James-Bond—Multiple-myeloma-clinical-trials-saved-my-life.aspx#.VNZaswdSJKY.facebook

@teresaregueiro

 

Hasta aquí el relato de James Bond. A mi me ha gustado mucho por varias razones y por eso he querido compartirlo. Además de esa lección tan positiva que nos da de su enfermedad, en donde el daño óseo, tres trasplantes, tres tratamientos completos de radioterapia, dos ensayos clínicos no han acabado con él, casi ni menciona sus efectos secundarios.

Además fue diagnosticado muy joven, con 43 años, ha estado al borde de la muerte pero han pasado 18 años desde su diagnóstico, y está viviendo la vida que el quiere vivir, sin rendirse. Sinceramente, me ha alegrado la tarde tan fría de domingo.

Pero, además, no hace más que reafirmar lo que tanto estamos escuchando estos días: la necesidad de la investigación en el cáncer en general y en el nuestro en particular. No se puede detener la investigación, sin ella no conseguiríamos salir adelante. Creo que lo explica muy bien James Bond en su carta: cuando se encontraba en un estado crítico, el bortezomib( Velcade) le salvó, y cuando recayó, la lenalidomida (Revlimid) lo levantó de nuevo.

No puedo dejar de recordar hoy esa frase que un día me dijo mi médico y que ya he comentado en una de mis anteriores entradas, “Si le ganamos un año a la vida, puede que después haya cambiado totalmente el panorama.” Después de leer la carta de James Bond, tiene todavía más significado.

Con todo mi cariño, mi ánimo y mucha fuerza para mi amiga Sou.

#sobreviviendoMM.

Teresa Regueiro.

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